La importancia histórica de Juan Bosch no es de juego, aunque muchos de sus discípulos lo usen para meter goles en el campo político.

La estatura moral que exhibió durante su vida pública, difícilmente igualada y no superada por sus contemporáneos, es merecedora de todos los homenajes que la buena intención conciba.

El problema es que el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones.

La Lotería Nacional, con el billete de Bosch caminó hasta el fuego eterno sin advertirlo. No seamos duros con Peña Tavárez, porque peores cosas se hacen en herencia política del “Profesor”. Disculpas y todo olvidado.

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