La clase política está tan acostumbrada a las loas que el ejercicio crítico le parece pesimismo. Las sociedades no avanzan impulsadas por el elogio.

El camino más seguro a la perdición es el de la vanidad halagada. La historia recoge el precio que se paga por abusar del ditirambo.

El poder, desacostumbrado a la verdad, pierde contacto con la realidad. El delirio de creer que siempre se merecen aplausos pavimenta el camino autoritario.

Los hombres que ponen el dedo en la llaga son imprescindibles para mantener la democracia. El miedo es un mal guardián de la libertad.

Saludo el buen pesimismo.

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