En la antigua Roma la escultura de bustos era útil para recordar parientes muertos, héroes o dioses. Los emperadores se hicieron inmortalizar en mármol o bronce para triunfar sobre la memoria.

El busto era un medio de propaganda eficaz. Las dictaduras modernas, como la de Trujillo y Franco, heredaron la costumbre de torturar a las plazas con sus omnipresentes rostros para inspirar reverencia o temor.

La libertad destruyó los rostros marmóreos de Chapita; los de Franco, los colocan los ayuntamientos para recibir cachetadas. Un curioso modeló un busto de Medina. Mala idea. Danilo vive, no es héroe y mucho menos un Dios.               

Recomendamos:

Metrónomo: Precedente y Delincuencia

#LaVerdadVerdad: Solución restauradora