Los congresistas ahora dicen estar en un dilema al más clásico estilo shakesperiano: dejar o no dejar a Roberto Rosario.

El informe de la OEA y el episodio del retiro de las visas  fueron jabones en el sancocho que se estaba cocinando.

La complacencia con el devastador informe de los funcionarios y el propio presidente de la JCE dieron la inequívoca impresión de que no se estaba pensando en cambiar de caballo electoral. La razón: los morados están más que complacidos.

La embajada olió el guiso y se decidió a dañarlo. El cambio de miembros del organismo electoral se impone.

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