En la infancia jugábamos a policías y ladrones. El niño más lerdo distinguía entre buenos y malos.

En estos días, en cambio, el adulto más perspicaz no podría afirmar la condición moral de un “hombre gris”. Las estadísiticas indican que un alto porcentaje de atracos son perpetrados por miembros de la policía.

Ahora se informa que los mandarán a patrullar. ¿Cuáles estarán en las calles? ¿Los policías buenos o los polincuentes malos?

La verdad es que muy pocos ciudadanos se sentirán más seguros. Lo cierto es que la seguridad retornará con una nueva policía. No retrasemos más la reforma policial.

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