La ley es inexorable, como los perros: no ladra más que al que va mal vestido, escribió Pío Baroja.

La decisión de trasladar al interno Blas Peralta, por razones de salud, de la cárcel de La Romana es un hecho demostrativo de los discrecionales ladridos de los perros de la ley.

El privilegio no alcanzó a los ciento veintiséis internos mal vestidos que permanecen hacinados en menos de cuarenta metros cuadrados.

El perro de la ley mueve la cola a Blas y muestra los dientes a los demás. Una norma que no es igual para todos, no es una norma.

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#LaVerdadVerdad: Privilegio irritante