El sistema democrático depende del balance entre tres poderes. El predominio de uno sobre otro convierte en nominales a las instituciones.

Nuestra tradición autoritaria se cristalizó en una ingeniería constitucional que garantiza la supremacía del ejecutivo sobre los demás poderes.

El liderazgo partidario permite la obediencia mecánica de los legisladores. El control presupuestario mantiene la mendicidad judicial.

La ausencia de independencia en el Poder Judicial se debe a la combinación del factor cultural y económico.

Los jueces suben hasta las altas cortes por las escaleras de la política y se mantienen obedientes mediante la dependencia presupuestaria.

Recomendamos:

Metrónomo: Sin sostén y puerta

#LaVerdadVerdad: Tarifas: decir y no hacer