La primavera para el mundo político solo se escuchó en la canción. La frialdad del abrazo entre Fernández y Medina dio un toque invernal a todo el acto. La pose estatuaria y gélidos gestos de Leonel levantaron fundadas sospechas de hipotermia.

En el acto de proclamación no hubo sintonía de estaciones. Danilo anduvo entre flores, pero el León se sentó como un témpano de hielo. El partido mostró el gigantismo de un crucero. No olvidemos que el Titanic fue conocido antes de su hundimiento como “El insumergible”. Ni Dios podía hundirlo, se afirmó. El témpano desprendido y la soberbia sí pudieron.

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