Obama, en Cuba, tiene la difícil tarea de demostrar que la distención diplomática no significa capitulación en la defensa de los principios democráticos. Cuba sigue siendo una dictadura familiar que viola los derechos humanos y restringe la libertad económica.

El presidente de la mayor democracia del mundo debe dejar claro que lo que existe es un cambio de método de lucha y no de objetivos.

Lo que no se consiguió con el poder duro de las sanciones económicas debe conseguirse ahora mediante el poder blando de las relaciones diplomáticas y comerciales. De no hacerlo así, el viaje sería un fracaso.

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