La lucha entre la verdad y la mentira es tan vieja como la humanidad; y en esa antigua lucha, no pocas veces, gana la mentira. La mentira solo necesita ser creída, mientras que la verdad requiere ser comprendida.

El ser humano evita el esfuerzo de pensar.

Las decisiones son emocionales. Eso explica el triunfo de la falsedad en el escenario político de medio mundo. Estamos en la era de la post-verdad.

El discurso político no está basado en evidencias, datos o en el rigor analítico. Lo que se siente verdadero es creído. Ese es el secreto encanto del pernicioso populismo.

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