Aquí no saben tener armas ni los militares. El asesinato de una mujer, ¡policía!, a manos de su antigua pareja, ¡marino!, en un Juzgado de Paz es el colmo de la violencia.

En el hecho se reflejan muchas de nuestras taras sociales: el machismo que trata a mujer e hijo como propiedad, la inclinación a violar normas, el recurso de la violencia como solución y la falta de medidas de seguridad en los espacios públicos.

Dos medidas hubiesen evitado el suceso: prohibir el porte de armas fuera de servicio e impedir la entrada armado a los juzgados.

¿Es tan difícil?