La magnanimidad es un gesto extraño en nuestra política. El espíritu criollo prefiere el ancho camino del egoísmo a la estrecha senda de la generosidad.

La elección de uno de los dos conducirá al poder inútil o al poder fértil. El poder inútil no conoce de desprendimientos, porque se ejerce en beneficio propio y no pensando en los demás. El poder fértil, en cambio, renuncia a todo para poseerlo todo.

Las figuras verdaderamente grandes, las que han marcado una diferencia en la historia, fueron todos renunciantes. La composición de la JCE y el TSE necesita de ese constructivo espíritu de renuncia.

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