El error no fue el premio, sino el apremio por desligarse del mismo Gobierno que lo otorgó. Estamos ante otro debate artificial producido por nuestra incorregible costumbre de interpretar todo en clave emocional.

La pasión descubre en espíritu y letra del artículo lo que la razón no puso ni puede ver. Leído y releído, sin hipersensibilidades, no se encuentra ofensa ninguna al país.

La explicación del escándalo no puede radicar en una aparente súbita estupidez o en la deficiencia comprensiva. Entenderemos mejor el ridículo debate si lo explicamos como otra manipulación comunicativa para exhibir otro falso perfil heroico del Gobierno.

Metrónomo: Vuelve  el cántaro... y A las clases, por ahora...

#LaverdadVerdad: Igual para todos