La peor epidemia en el sector salud es la falta de consistencia en la aplicación de políticas preventivas para contener las enfermedades estacionales.

La lucha contra el dengue oscila entre la máxima preocupación y la despreocupación más insensible. La preocupación llega cojeando mucho tiempo después de que las cifras de enfermos saturan los hospitales. El afán preventivo se activa cuando toca el esfuerzo curativo.

Prevenir es ver antes un evento. La prevención es proactiva y nunca reactiva. Los meses anteriores al brote vivimos en insensible despreocupación.

La fórmula saludable: la ocupación debe vencer la despreocupación, para nunca tener que preocuparnos.