Nicolás de Jesús Cardenal López Rodríguez se retira de la labor pastoral. La huella que deja su andadura de más de medio siglo como guía del rebaño cristiano es profunda.

El don recibido por la imposición de manos lo llevó siempre con la firmeza del soldado de la fe. La vida ha sido, para él, milicia de Cristo.

El espíritu de Dios del que habla Pablo a Timoteo en su segunda carta lo reflejó nuestro pastor criollo: fortaleza, amor y sobriedad. Por eso se puede decir: ha peleado hasta el fin el buen combate, concluyó su carrera, conservó la fe.

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