El tiempo, entendido como momento adecuado para actuar, es condición fundamental para entender la acción política.

Por eso decía Felipe II: el tiempo y yo contra otros dos. Este mes no es un agosto cualquiera.  El dieciséis no se trata de quién perderá uno u otro puesto, sino de quién predominará en la lucha por el control del partido hegemónico.

Los funcionarios son trebejos entre los dedos de los dos jugadores que importan. El sacrificio o no de una pieza indicará el balance de poder.

La sustitución del gabinete sería ruptura. La continuidad sería eso: continuidad hasta que Dios quiera.

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