Este es el país de las preguntas sin respuestas. El país de la atención exagerada en lo banal, pero distraído ante lo importante.

El país conectado informativamente con el mundo, pero desconectado en su acción. Los escándalos sacuden a la región y aquí quedamos inconmovibles, como los marmóreos monumentos antiguos.

Estamos curados de espanto. En Brasil, Dilma combate la corrupción y termina como víctima de su guerra moralizante.

Aquí, Danilo, no tira ni un cascajo hacia ninguna parte contaminada y todo el mundo sigue conforme, como si fuéramos Suiza. La investigación a Odebrecht se extiende por todas partes, pero aquí se encoge.

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