El pasado se pelea siempre con el futuro en esta isla, por eso terminamos perdiendo el presente. La cámara de senadores mantiene la cabeza escondida en el caparazón de sus intereses.

La sociedad espera un cambio, mientras que los senadores apuestan al retroceso. Los honorables congresistas morados tienen entre ceja y ceja metida la intención de clonar la JCE. La cerril terquedad senatorial olvida la inconveniencia de meter el vino nuevo en odres viejos.

La JCE nos hizo perder el paraíso electoral al comer el fruto del árbol prohibido de la dependencia partidaria.

Una Junta de segunda mano no nos llevará a la tierra prometida donde mana independencia y equidad.

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