No hay crisis en la justicia. Todo es percepción. Lo dijo Mariano Germán: los tribunales del país están repletos de jueces honestos.

Lo que pasó fue que en medio de esos apóstoles judiciales salió Judas. No faltaba más. El mismo que comía del plato junto a los otros miembros del Consejo del Poder Judicial.

Las treinta monedas fueron devueltas, pero el beso traicionero que destapó el escándalo quema todavía en las mejillas.

El pueblo, como judíos y romanos, tiene cruficado entre ladrones al poder judicial.

No saben lo que hacen. Bajemos de la cruz a esos justos que liberan culpables.