La capacidad deformadora de nuestra realidad llega hasta la teoría.

El sociólogo Thorstein Veblen acuñó el concepto de “clase ociosa”para describir el fenómeno de la existencia de un segmento poblacional eximido de ocupaciones laborales en la industria o el comercio.

Las tareas consideradas dignas para esta clase superior era el gobierno, la guerra, la religión, la cultura o los deportes. En nuestro país hemos creado una nueva aplicación del concepto.

La clase ociosa nuestra son los cuatrocientos mil jóvenes que “ni estudian ni trabajan”.

La mayoría de los cuales se encuentran entre los quince y veinticuatro años. Una tragedia.

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