La confesión es medicina para el alma. El reconocimiento responsable de nuestras malas acciones debe  conducir al arrepentimiento y a la reparación del daño.

Reinaldo Pared Pérez y Temístocles Montás, en un desacostumbrado gesto de sinceridad, reconocieron la deriva corrupta del partido morado.

Lo mucho hasta Dios lo ve, así que con más razón deben verlo los compañeros del convite partidario.

La indecente acumulación de bienes transformó a algunos revolucionarios emboinados en aburguesados tutumpotes.

La corrupción es tanta que ninguna leve penitencia podrá purificarles el alma. Una justicia imparcial podría servir al partido para salvar el país de la dañina corrupción.

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