Maduro está que gotea, porque el pueblo se puso verde de la indignación. La suspensión del revocatorio y el recurso de la turba rompieron el orden constitucional.

El régimen, sin maquillaje de petrodólares, muestra su verdadero rostro dictatorial.

Este rico país del sur perdió el norte; timoneado, primero, por un delirante, y después, por un ignorante.

La nave revolucionaria encalló en el arrecife de una política sustentada en dádivas y no en el trabajo. El enchufe público perdió la corriente de abundantes recursos.

La cruz en la crisma colocada por el papa Francisco parece que hizo el milagro del diálogo.

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