“La ley es dura, pero es la ley”. Esa máxima latina expresa la obligación de cumplir el mandato de cualquier norma sin importar lo rigurosa o difícil que sea su aplicación.

En nuestro país es costumbre, sobre todo en los asuntos políticos, la práctica de acomodar la carga del borriquito de la ley de acuerdo con las circunstancias.

El peso del cumplimiento se torna gravoso y se opta por torcer el camino recto normativo. La asnal terquedad no rectifica ni a palos. La JCE debió enviar al Congreso las actas originales. Si la falta no deslegitima, por lo menos afea.    

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