Los Super Tucanos llevan pintados fieros dientes en la nariz del fuselaje. La idea es asustar al enemigo en el combate.

Los nuestros, que no combaten nada, lucen los dientes de la corrupción. La mordida de los patrocinadores de su compra dejó una sangrante herida en la anatomía nacional.

Los senadores son una de las tres hileras de dientes en la mandíbula del poder. Los muy honorables aprobaron la operación, que su partido defendió como imprescindible, a cambio de jirones del soborno.

La gravedad del crimen hace inevitable la respuesta de las autoridades. Una implacable justicia debe cicatrizar la herida.

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