La forma de nuestra campaña política justifica su reforma. El proceso político semejó un río desbordado que arrastró todo a su paso.

El perfil de la sociedad luce como el de los damnificados de un peligroso fenómeno atmosférico. La cotidianidad queda atrapada entre las aguas divididas del Jordán político.

El pueblo camina con el temor de no pasar a tiempo hasta la otra orilla y morir ahogado tapado por las aguas tempestuosas de las pasiones partidarias.

El río desbordado de la política necesita nuevos cauces normativos para controlar la influencia del dinero y la discrecionalidad del poder. La reforma urge.

Recomendamos:

Metrónomo: Para empezar (I) y Para empezar (II)

#LaVerdadVerdad: Peor que la renuncia