La geografía compartida fuerza la preocupación mancomunada.

La frontera teórica que nos separa de Haití tiene vida alegre y siempre está abierta a la bípeda violación de trashumantes.

La desgracia aumenta la necesidad de huir; y el mar, lo sabemos, es pared más firme que nuestros centinelas fronterizos.

La dádiva de Danilo está justificada por el principio de humanidad y la táctica diplomática. La ayuda consigue la buena prensa que necesitamos para contrarrestar a los que nos motejan de esclavistas.

La solidaridad internacional queda cubierta, pero la local enseña sus miserias. ¿Quién se solidariza con nuestros barrios enchumbados y hambrientos?

Recomendamos:

Metrónomo: Irracionalidad y Iluminar

#LaVerdadVerdad: Basura: falta de civismo