Carlos Urrutia fue administrador de la colonia reconquistada de Santo Domingo. En su actuación gubernamental se refleja la cultura de mando que hasta nuestros días perdura.

El legado que dejó para la historia fue el establecimiento de cultivos agrícolas en la margen oriental del Ozama para su provecho.

La mano de obra que utilizaba era la de condenados y vagos. La chispa criolla le estampó el apodo de Carlos “Conuco” al mariscal español.

La cosa pública para muchos de los políticos de hoy sigue siendo un conuco para el enriquecimiento particular. Es tiempo de que la labranza sea para todos.

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