La política como teatro se ha impuesto tanto que la apariencia triunfa sobre lo real. El diálogo, en el teatro, es lo más importante de todo lo que pasa.

El gesto del actor se expande con las palabras hasta conformar una realidad. La política criolla, escasa de acciones reales, quiere sustituirla con el diálogo dramático.

Eso explica aquel enfático “el que se meta a deforestar va preso” de Danilo Medina que repiten otros funcionarios para poner en las palabras el coraje que falta a las acciones.

Las amenazas no deben ser una política pública. El sistema de consecuencias debe funcionar.

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