La brecha abierta por la retórica populista de la revolución bolivariana ahora se convierte en una brecha entre el régimen y el pueblo venezolano.

La sociedad fracturada durante tres lustros por la prédica de la lucha de clases parece incapaz para la cooperación. El régimen chavista necesita el diálogo, pero su preferencia por el monólogo impide la conversación.

La división de poderes es contexto extraño para ellos, porque se acostumbraron a gobernar con todo el control. Ahora que les falta el parlamento y el pueblo parecen perdidos. Les salvaría la humildad, pero no la conocen. Venezuela coquetea con el caos.

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