La pobreza es herida causada por la corrupción. Lo que en otro tiempo resolvía un pelotón de fusilamiento, ahora no lo resuelve ningún tribunal de la República.

El robo queda impune. El general Cabral, se cuenta, estuvo a punto de fusilar a Lilís. Transcurridos los años, visitó Cabral al presidente Hereaux.

Mientras subían las escaleras exclamó Lilís: “¡Tanto como quiero yo a este viejo y él trató de fusilarme en el sur!”. Contestó Cabral: “¡Por amigo de coger lo ajeno!”.

Con su gracejo caracterítico, el Presidente ripostó: “Es verdad, pero yo estoy cura’o del lisio”. “ ¡Mentira! Ese lisio es incurable”.

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