La calma llega después de la tormenta, se dice; pero después de la tormenta electoral falta calma y sobran tormentos.

El alto costo de la vida era preocupación de campaña y lo sigue siendo ahora. La promesa de reducir los altos precios motivó el voto de muchos. Las dadivosas manos que dejaban unos pocos pesos en los bolsillos comienzan a retirarlos.

Lo que bajó o se mantuvo, ahora sube. La sangría financiera secará las venas económicas de los ciudadanos.

Las promesas se las llevó el viento victorioso. Una vez más se confirma que no hay almuerzo gratis. Llegó la cuenta.

Recomendamos:

Metrónomo: Efecto mariposa y Líneas paralelas

#LaVerdadVerdad:La vida como derecho supremo