Un año, un día o un minuto son unidades abstractas diseñadas por la humanidad para organizar eso que llamamos vida.

El tiempo es indiferente y pasa, me decía un viejo amigo; que sabe de eso, porque cuenta casi ya con un siglo de existencia. La vida contemporánea es movimiento constante, en la vida real y en la virtual.

Las cosas nos pasan, pero nosotros no pasamos por las cosas.

La mejor manera de aprovechar estos días es convirtiéndonos en coleccionistas de momentos.

Caminemos, respiremos, miremos y hablemos como si nada más existiera. Lo que queda del día son esas experiencias.