Lo sabemos, aquí hay dos países para todo. En la infraestructura:  el país de las torres modernas y el de las chabolas.

En las finanzas: el de los bancos sofisticados y el de los prestamistas al módico veinte. En el comercio: el de los supermercados y los colmadones.

Una guerra civil del pasado contra el presente; con la agenda del siglo diecinueve sobre la espaldas. Lo que fuimos condiciona lo que somos e impide lo que debemos ser.

La maldición de los dos países alcanza hasta la política. El país del caravaneo todavía convive con el de las redes sociales.

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