La posición de juez necesita como condición poseer sentido del honor. En la antigüedad se designaba con esta palabra al reconocimiento dado a las

personas que poseían rectitud, decencia y dignidad de acuerdo a la opinión de sus contemporáneos. El ser honrado era el acto protocolar que consagraba una reputación.

El honor personal es una rareza en estos tiempos donde todo tiene precio, pero no valor. Fray Antonio de Guevara decía que el buen juez no ha de torcer las leyes a su condición, sino torcer su condición conforme a las leyes.

Los malos jueces tuercen las leyes.

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