La Cámara de Cuentas perdió la cuenta de la cantidad de reclamos a los funcionarios para que cumplan con la ley de Declaración Jurada de Patrimonio.

La indiferencia es la única respuesta. En el cuatrienio pasado fueron miles los omisos. Las consecuencias nunca se activaron.

Los incumplidores conservaron cargos y cobraron salarios. El incumplimiento pasado estimulará el presente. Los omisos casi siempre se convierten en mizos del erario.

El registro en blanco y negro de haberes y deberes es primer paso para la gestión pulcra. A cumplir. Si incumplen: ¡botados! Si no son botados, los malos no son los funcionarios.

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