La enfermedad más mortal en el país es el tránsito.

Aquí mueren a diario más personas por un accidente de tránsito que por cualquier otra dolencia.

Las pérdidas humanas y financieras son de escándalo. Las calles dominicanas parecen campos de batalla donde nos enfrentamos a diario en un suicida todos contra todos.

El individualismo insolidario y los excesos etílicos hacen de cada vehículo un arma mortal.

Los caídos se cuentan por miles.

Los sobrevivientes inhabilitados quedan como un capital laboral inutilizable.

El costo para el servicio de salud y la economía es honeroso. Detengamos esa sangría con regulación y educación.