El Poder Judicial puede poco, porque anda con la venda caída, la balanza desajustada y la espada roma.

La costumbre manda que los máximos representantes del Poder Judicial, en su día, rindan cuenta sobre el trabajo realizado. Nunca será tan difícil la tarea como hoy.

Los males de la justicia fueron tan abundantes y los bienes tan escasos, que el presidente de la Suprema Corte, Mariano Germán, debería mejor rezar un “Yo confieso”.

Entonar ese mea culpa sería más honesto que intentar justificar el desastre. La justicia dominicana está condenada, porque absolvió a todos los culpables. ¡No más palabras, magistrado!