La sal era tan apreciada que los antiguos griegos compraban esclavos con ella. Cuando el esclavo no tenía buenas condiciones decían: “No vale su sal”.

Los senadores se aumentaron el salario. La acción no puede ser más inoportuna. La indignación es general.

La razón es simple: los trabajadores del sector público tienen salarios míseros. El sueldo se vuelve sal y agua antes de fin de mes.

El fiao y el módico veinte son ineludibles para resolver. El presupuesto público nunca alcanza para mejorar su paga.

Nuestros senadores se compensan con largueza sus tímidos aportes. Muchos piensan que no valen su sal.      

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