El humano, como la naturaleza, no soporta el vacío. Esa es la razón de la imposibilidad de la muerte de las ideologías. Las ideologías no han muerto, sino que cambiaron su naturaleza.

La definición espacial de izquierda y derecha mutó en aperturistas o cerrados aislacionistas. Los primeros defienden la libre circulación de personas, mercancias o servicios. Los segundos abogan por un retorno a los mercados restringidos y el cierre de las fronteras.

Unos derrumban muros y los otros quieren construirlos. Esa perspectiva ideológica explica fenómenos como el Brexit británico o Donald Trump.

Este nuevo choque ideológico producirá grandes cataclismos mundiales.

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