La Constitución es la estructura ósea de la institucionalidad. El respeto a sus mandatos es el calcio que alimenta su fortaleza. La nuestra sufre de fragilidad exagerada.

El irrespeto a sus ordenanzas produce una disminución de la densidad de su presencia en la sociedad.

La osteoporosis constitucional que padecemos conduce a la desconfianza general en los frágiles huesos institucionales.

La política, cadera de la anatomía ciudadana, está horadada por los incumplimientos.Danilo Medina emitió un decreto que hace obligatoria su enseñanza en escuelas y colegios.

La decisión es plausible, pero conviene recordar que la mejor enseñanza es predicar con el ejemplo.
 

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