Los hombres no renuncian a un sueño, aunque se haya convertido en pesadilla. Fidel, en su otoño de patriarca revolucionario, abandona su sabio silencio para escribir palabras necias.

El calificativo no es solo por el contenido, sino por lo inoportuno. Lo que Raúl está haciendo con las manos, parece, quiere él desbaratarlo con los pies.

Obama pidió olvidar el pasado y concentrarse en el futuro, pero los dictadores son incapaces de perdonar.

¿Qué hace Fidel? Escribir un largo memorial de agravios con hechos que pertenecen a un remotísimo pasado. La historia no lo absolverá. El deseo de libertad no envejece.

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