Las leyes no deben adaptarse a la deformidad de una sociedad, sino tratar de enderezarla. El espíritu de cualquier buena ley busca que el agua posada, de la mala costumbre presente, se transforme en fluida corriente de agua que corra hacia el cauce de la buena costumbre futura.

La alharaca levantada a propósito de la nueva ley policial es producto del espíritu inmovilista de una parte de la sociedad.

La oposición al régimen de incompatibilidad es irracional. El policía debe ser solo policía como el juez es solo juez. La mala paga no puede compensarse con permisividad laboral. Paguemos bien.

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