La democracia es un ropaje institucional prestado, un “pancho”. La moda política impuso las galas de la libertad.

El hecho de que no fuera confeccionada a la medida produce estos descuadres que nos torturan.

La chaqueta legislativa, el chaleco judicial y el pantalón ejecutivo, las tres piezas del traje democrático, están lejos de producir el efecto de elegancia institucional.

Lo cierto es que cada día nos vemos más feos.

El chaleco tiene un color chillón. La chaqueta siempre combina con el pantalón, pero el pantalón tiene los ruedos de la buena voluntad muy cortos. Necesitamos un sastre con buen ojo.

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