La paz es una condición esencial para el progreso. En el país, como resultado de las dificultades políticas y los apremios económicos está fermentando una incomodidad social que puede poner en riesgo la paz.

La santa Madre Teresa decía que la paz comienza con una sonrisa. El rostro de la sociedad y sus actores no encuentra motivos para sonreír.

El gesto adusto abunda en el Gobierno. El oficialismo no sonríe a nadie. Eso explica que la oposición, los empresarios y ahora los sindicatos endurezcan el rostro.

Las decisiones públicas deberían cuidar que la antipatía no contagie a la mayoría de ciudadanos.

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