La política, como el circo, odia las pausas. La pausa estimula la reflexión. El uso de la cabeza disminuye la alegría. Esa es la razón de que entre acto y acto salgan los payasos.

Las piruetas y bromas mantienen la distracción. La política es un espectáculo semejante.

Las palabras y gestos grandilocuentes aparecen en el escenario político cuando se necesita desviar la atención de lo urgente. La exigencia de perdón a la OEA es un recurso de este tipo.

El perdón no puede exigir, porque solo existe por la generosidad del que lo pide. Esta petición es una pirueta política.         

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