La familia dominicana se transporta en dos ruedas, porque no cuenta con cuatro ruedas propias o públicas. Esa realidad no cambiará por disposiciones normativas.

La experiencia humana demuestra que uso y costumbre se convierten en ley. La ausencia de una solución colectiva a la movilidad hizo que pasáramos del caballo a la motocicleta.

El automóvil es un privilegio y los autobuses una responsabilidad pública incumplida. A lo imposible nadie está obligado.

¿Cómo impedirán las autoridades que un padre transporte hasta la escuela a su hijo? ¿Cómo impedirán que lo lleve a un hospital? La prohibición será inútil sin una solución.

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