Enero es para los propósitos grandes lo que el lunes para los pequeños.

La esperanza de cambiar se expresa en el comienzo de cada semana o de todo nuevo año.

El país, que vive entre la esperanza y la decepción, necesita perseverar en su propósito de cambio.

El nuevo año debe heredar lo no realizado del viejo.

El inventario de retos es grande, pero si tuviera que escoger me quedaría con uno doble: acabar con la impunidad y la corrupción.

Acabar con la impunidad terminaría con un sistema de consecuencias; acabar con la corrupción, con la voluntad de juzgar sin distinción.

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