Las manos que dan, esperan. Eso dicen. Pero las sagradas escrituras aconsejan todo lo contrario, dar sin esperar nada a cambio. El jefe de gabinete haitiano, Jean Max Bellerive, afirmó que la ayuda tocó al corazón.

El gesto solidario nuestro no es nuevo ante las reiteradas desgracias del pueblo vecino. El mismo sentido de urgencia mostramos después del terremoto.

La caravana de ayuda representa un gran sacrificio económico. El país, como la viuda pobre del evangelio, entrega lo que no le sobra.

La Madre Teresa aconsejaba dar hasta que duela. Los rostros sufrientes de nuestros damnificados cumplen el mandato de la santa.

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