El salto del conteo analógico al digital no puede ser completo. La realidad jurídica y política no lo permiten.

El contexto actual obliga a contar dando saltos de trúcamelo, sostenidos primero en el pie del conteo manual y después apoyando el otro en la automatización.

La única forma de ganar la confianza ciudadana al final del juego electoral. El trayecto completo no se puede hacer a la pata coja de la automatización, porque además de perder el equilibrio estaríamos violando las reglas del juego.

La piedra de la modernidad debe ir de cuadro en cuadro hasta llegar al décimo de la perfección.

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