La muy citada sentencia de Lampedusa sobre el cambio realizado para que todo siga igual parece la filosofía dominante en el partido oficial.

El mes de agosto nos regaló muchas rotaciones y algunos cambios que no han impreso un perfil ejecutivo con sentido de urgencia. La acción pública parece detenida por el imprescindible proceso de aprendizaje sobre las nuevas responsabilidades.

Los problemas se siguen acumulando a una velocidad pasmosa, mientras las soluciones tardan en llegar.

Esperamos que no se cumpla aquella fatídica sentencia de que nunca segundas partes fueron buenas. El país necesita energía transformadora.

Mangas remangadas y cuellos sudorosos.  

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